lunes, 9 de enero de 2017

¿Por qué el alcohol excusa las acciones de ellos, pero condena las de ellas?

La fiesta y la noche también son nuestras. Y cuando digo fiesta y noche, incluyo absolutamente todo: música, baile, tranquilidad, desfase… Pero también incluyo el alcohol. Sí, queridos y queridas, por muy raro que pueda parecerle a algunas personas, ¡SORPRESA! A las mujeres también nos gusta el alcohol; también nos gusta disfrutar de una buena copa en un pub o de unas cervezas con amigos. Y lo que es normal y razonable para unos, puede parecer una desfachatez para otros. ¡Qué osadía poder disfrutar de lo mismo que ellos y encima esperar que nadie nos diga nada! ¡Qué descaro, qué vergüenza!
Fuente: El Mundo
¿Nunca os pasado esto de ir a tomar algo con un hombre, que vosotras pidáis algo con alcohol, aunque sea una mísera cerveza, y él no, pero por el contrario la bebida alcohólica se la hayan puesto directamente al hombre, sin preguntar siquiera para quién era cada cosa? ¿A quién se le ocurriría pensar que el macho ibérico pudiera beber un triste refresco y la mujer una pizca de alcohol? ¡A la hoguera con ella! Y este es sólo un ejemplo de todas las situaciones a las que nos tenemos que enfrentar como mujeres a la hora de beber.

Cansa, y mucho, tener que escuchar comentarios del tipo “no bebas tanto que te va a sentar mal”, “no vas a aguantar ni un asalto”, “échate menos” o “¿cómo bebes tanto?” pero únicamente refiriéndose a la mujer del grupo. Y sí, es cierto que, dejando a un lado la individualización, las mujeres no metabolizamos igual el alcohol que los hombres. Somos genética y fisiológicamente diferentes; en este aspecto somos parecidos, pero no iguales. Sin embargo, esto no justifica, ni por asomo, el estigma de las mujeres relacionado con el alcohol.

Y cómo no mencionar esos súper plausibles comentarios del calibre de “¿la violaron? Pues que no se emborrache” o “si no era consciente de lo que pasaba que no hubiera bebido”; porque, encima, tenemos que aguantar que se nos culpe de las atroces acciones de ellos sólo por “haber bebido alcohol”. No somos las responsables de una violación, ni de un piropo, ni de una mano larga… No somos las responsables de los actos que decidís cometer, aunque hayamos bebido, aunque vosotros también hayáis bebido. A la mierda con la imagen de que la mujer cuando bebe es más promiscua; a la mierda pensar que nos lo merecemos por haber bebido y disfrutado de la noche; a la mierda el estigma de la mujer con el alcohol. ¡Arriba esas copas, mujeres, que las calles, la fiesta y la noche también son nuestras y que nadie nos diga lo contrario!



Sólo me hago falta yo

Desde que me puse las gafas violeta y estoy más atenta a lo que me rodea, no hago más que leer mensajes de pareja del tipo: “sin ti no hay un yo”, “sólo me haces falta tú”, “lo eres todo”, “no puedo estar sin ti”, “cada día me haces más falta”, “sin ti nada tiene sentido” y un larguísimo etcétera con el que podría rellenar página y media. Y es que el amor romántico ha hecho mucha mella en las relaciones de pareja de la sociedad heteropatriarcal en la que vivimos.

Un “sin ti no hay un yo”, para aquél que lo dice, puede representar todo el amor que desprendes hacia tu pareja o lo importante que es para ti. Sin embargo, esconde la pérdida de identidad de una persona, es decir, un “sin ti no hay yo” nos reduce a la más mísera dependencia del otro. De igual modo se entiende el “no puedo estar sin ti”. Qué decir, en esta sola frase se puede describir cómo perder la libertad individual para arraigarse en la dependencia de tu pareja y, amigos y amigas, no dependas nunca de nadie en el amor más que de ti mismo. Sé tu propia media naranja.

Un “sólo me haces falta tú” no hace más que aminorar el entorno de la persona en cuestión, quiero decir, canalizar todas las relaciones a una sola persona y, de este modo, ir alejándose poco a poco de amigos o familia con el único pensamiento de sólo necesitar a tu pareja.

“Sin ti nada tiene sentido” es uno de los que más me cabrean. Qué feo eso de darle toda la importancia de tu vida a otra persona; qué feo pensar que la marcha de tu existencia está marcada por aquella persona en la que, en un momento dado, pensaste que era quien te haría feliz y ahora es de quien depende tu felicidad. No es lo mismo, ni parecido.

Todas estas frases descansan en el regazo del amor romántico, de dejar la autonomía del rumbo de vida en otras manos que no sean las propias, es decir, de la dependencia emocional y el amor tóxico. Algunos pensaréis “qué radical, lo lleva todo al extremo“. No, queridos y queridas, este tipo de mensajes, aparentemente “una muestra de amor” y “sin más importancia”, lo único que consiguen es perpetuar la toxicidad de parejas que se asfixian, de llegar a esconder tras de sí la violencia de la dependencia de pareja. El amor no debe ser eterno, exclusivo, incondicional y sacrificado, sino que se trata de dar rienda suelta a la aventura de ser nosotros mismos con alguien que camine a nuestro lado, sin juzgarnos, limitarnos o atarnos a sí.

Fuente: Feministadas
Recordad, el amor romántico mata con un “sin ti no hay un yo"; el amor es saludable cuando “sin ti soy yo, pero contigo soy más yo“.


La normalización patriarcal como arma de destrucción masiva

No sé bien por qué pero siempre que salgo de fiesta acabo hablando de feminismo con alguien, sobre todo con hombres. Es curioso porque llega a ser algo frustrante, pedagógico e incluso gracioso cuando sabes que no puedes escuchar más burradas. Sin ir más lejos, hace unas semanas estuve con un amigo que no veía desde hace tiempo y decidimos alejarnos del barullo para ponernos al día sobre nuestras vidas y, cómo no, debatir sobre temas en los que tenemos puntos de vista más que dispares. Puedes tener una ideología diferente a otras personas, puedes guardar una opinión distinta a los demás con respecto a ciertos temas; pero no puedes defender ─como hizo él─ que no existe el patriarcado o que el acoso se trata de algo aislado. Chicos, no existe ningún tipo de acoso o violencia hacia la mujer que se pueda justificar en que es sólo un caso aislado.


Total, que entre sus banales e ignorantes justificaciones de que no vivimos a la sombra de un patriarcado que no hace más que asfixiarnos, degradarnos, acosarnos, matarnos y oprimirnos, yo le mostré un sinfín de ejemplos en los que las mujeres sufrimos sus consecuencias: la violencia de género, la brecha salarial, la asimilación de la mujer a los cuidados, la hipersexualización, el acoso callejero de piropos, manos largas o la inseguridad de andar solas… ¿Su respuesta?


-Pero, ¿tú has pasado por eso, es decir, tú has sufrido acoso por la calle? (como si éste fuera súper extraño e inusual).

-Por supuesto ─le respondí─.


Obnubilado por la sociedad patriarcal y ajeno a sus secuelas, mi amigo quedó perplejo porque “¡Oh,vaya! No es un caso aislado, ¡solamente lo hemos normalizado hasta el punto de no saber reconocerlo, e incluso, negarlo!”. Lo curioso y que más me llamó la atención de esto, es que él no creía que pasemos por este tipo de situaciones todas y cada una de las mujeres, incluso que tengamos que lidiar con ello en nuestro día a día. Hombres, no es tan simple como creéis, ni tan insignificante como pensáis; de hecho, sólo es posible ser plenamente consciente cuando ya te ha ocurrido. Sin embargo, ésto no justifica su negación. La ignorancia es el blanco y la normalización permite dar de lleno en la diana. 


Días más tarde me metí de lleno en el ahora sucumbido debate “hombre feminista o aliado”. Este tema me gusta porque es cuando te das cuenta de que la persona con la que estás hablando, tan “defensor” de la igualdad de géneros, no tiene ni idea de lo que es el feminismo. Hola, hombres del planeta, feminismo es la liberación de la mujer; la igualdad de géneros es la consecuencia de ésta. Por lo tanto, si no eres mujer no puedes liberarte, no puedes saber con todas las letras lo que es sufrir el patriarcado, no puedes ser feminista, no puedes apropiarte de nuestra lucha, sino que puedes ─y para qué decir, debes─ apoyarla; es decir, eres aliado de la lucha feminista.

Por favor, dejad de intentar ser plenos protagonistas de una lucha que no corresponde que lo seáis y, en cambio, apoyadnos y empatizad con nosotras; acompañadnos en la marcha del feminismo, colectivicemos la lucha y hagamos historia; o como poco, consigamos que se nos reconozca y valore en ella, sin distinciones.
Autora: María María Acha-Kutscher

Si ya lo dijo Simone de Beauvoir: “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”.